~ Edward~
Al fin volvía a mi ciudad natal, literalmente, es
bonito volver, luego de estar tanto tiempo fuera, Cambridge era bonito, pequeño y
húmedo, la gente sabía bien y lo más gracioso es que pedían ayuda para
escaparse de mí, y nunca podían, lo sé soy cruel, las mujeres creían que
tendríamos una relación establecida y que nos casaríamos y viviríamos felices
por siempre, que ingenuas, eso solo pasa en cuentos de hadas, todas las mujeres
son iguales te utilizan y luego te rompen el corazón, lo sé por experiencia
propia, la única mujer que amé rompió mi corazón, por eso he decidido ser
amigo de la vida fácil, mis hermanos me odian por hacer eso pero bueno en fin
que le vamos a hacer, oh cierto como les contaba regreso a Londres, ya quiero
ver a Ana, ella es mi hermanita pequeña, la extraño tanto, es la única mujer
que vale la pena, y por otro lado está el animal de Taylor, yo lo quiero,
aunque nunca diga nada, pero es que él es el señorito perfección, siempre era
el mejor en todo, en la escuela, con mis padres, en los deportes éramos
iguales, pero aun así no le ganaba, y a pesar de todo lo quiero.
— señores pasajeros, se les informa que el vuelo 104 con destino a Londres, está aterrizando, abrochen sus cinturones, y prepárense para descender.
Cuando el avión aterrizo, fui a buscar mi equipaje, y había una chica linda ahí, tenía alrededor de 22 años, era rubia de ojos verdes y me dijo
— hey guapo, quieres que te ayude a llevar tus maletas a tu apartamento— me dijo con una voz muy sensual, ¡JA! Regalada.
— dame tu número y nos juntamos hoy a las 8 te parece— le dije con la misma tono sensual.
— Aquí tienes— me dijo dándome un papel— esperare tu llamado guapo.
— Nos vemos en la noche— le dije mordiendo el lóbulo de su oreja, provocando que se estremeciera, lo que me dio mucha risa.
Salí del aeropuerto y tire el papel a la basura, creía que la llamaría, que chiste, busque un taxi que me llevara a casa, y había uno desocupado, subí en él y comencé a mirar por la ventana, pensaba en cuanto a cambiado la ciudad desde 1850, ahí todo era tan…, no sé qué palabra ocupar, digamos que todo era muy básico, ahora con todo lo de la tecnología está ciudad era genial, estuve pensando mucho tiempo, hasta que sentí un olor a sangre exquisito, le dije al chofer que parara, que no tardaba mucho, Salí del taxi y seguí ese olor embriagador de sangre, comencé a acercarme y vi a unos tipos en un callejón, estaban drogados y borrachos, se notaba el olor que se desprendía de su cuerpo, era asqueroso, iba a salir de ahí cuando escuche que alguien gritaba.
— ¡auxilio! ¡Ayúdenme por favor!
—Cállate— le dijo un tipo empujando a alguien lejos hacia un basurero y eso provoco que se golpeara la cabeza y comenzara a sangrar— ahora veras lo que es divertirse— le dijo ese tipo
Me dio rabia, no sé porque pero sentí la necesidad de ayudar a esa chica, lo supe por su voz cuando gritó, querían abusar de ella, algo me decía que no podía dejar que le pasara algo así.
— eso es necrofilia, ¿lo sabían?
— Mira niño bonito, esto no es asunto tuyo, ¿Por qué no te vas mejor?— dice uno de los tipos hablándome
— y si me niego ¿Qué?
Los tipos comenzaron a lanzarse sobre mí, golpeaba a todos los imbéciles, debo admitir que fue divertido, a uno lo tome del cuello y lo lance contra la pared provocando que muriera al instante, a otro le quiebre el cuello, a otro hice que chocara su cabeza contra la del otro tipo y el ultimo salió arrancando, los mate a todos, excepto a ese cobarde que salió arrancando, luego lo encontraría y me alimentaria, pero la chica sangraba, y su sangre olía muy bien, parecía el perfume de una diosa, era un olor exquisito, no supe cómo me controle, pero lo logre y le dije a la chica
— Hey chica despierta no te vayas, hey— le decía golpeando sus mejillas, pero ella no reaccionaba, estaba muy mal herida, y algo en mi ¿corazón?, me dijo que la ayudara.
La tome en mis brazos, y fui donde estaba el taxi, que por suerte no se había ido, le dije que me llevara lo antes posible a la casa, debía curarla, debí llevarla al hospital, pero no me podía separar de ella, mientras llegábamos a la casa, veía como era, era una chica muy linda, de pelo castaño ondulado, un cuerpo con muchas curvas, unos labios carnosos que te invitaban a besarlos, y una cara angelical, ¿pero qué demonios te pasa Edward?, no debes pensar así, de alguien que no conoces, además debe ser una suelta como todas las demás, así que mejor olvídate de ella, llegaras a tu casa, le curaras las heridas, y cuando se reponga se irá a su casa y no la volveré a ver, aunque me encantaría tenerla esta noche conmigo, podría divertirme solo por hoy. Cuando el taxi se detuvo, le dije que me ayudara con las maletas, yo llevaba a la chica mientras que el cargaba mi equipaje, entramos a la casa, y no había nadie, deben estar en la universidad pensé, le pague al taxista, cerré la puerta, subí a mi habitación, y fui al baño por algodón, alcohol, unas vendas y una crema para que cicatricen las heridas, volví al cuarto y deje las cosas a un lado, empape el algodón con alcohol y lo pase por su nariz para que despertara, ella comenzó a despertar, y vi que tenía unos hermosos ojos cafés, que pueden volver loco a cualquiera, incluyéndome, ash Edward deja de pensar en eso, ella me miro asustada y luego hablo.
— ¿Dónde estoy?, ¿Quién eres tú?, ¿Por qué me duele todo?— dijo con un gesto de dolor en la cara.
— estas en mi casa, soy Edward Lowell y te duele todo porque unos imbéciles— lo dije con odio, ¿Por qué lo dije con odio? No me debería afectar— trataron de abusar de ti y yo te salve— le dije contestando sus preguntas en orden.
— ¿Dijiste Edward Lowell?— vi como abría sus hermosos ojos sorprendida, Edward basta ya.
— Sí, ¿nos conocemos?— dije confundido, no me olvidaría de una cara tan bonita.
— ehm no, pero conozco a tus hermanos, Taylor y Ana.
— oh vaya, conoces a mis hermanos, ¿pero de dónde?— le pregunte intrigado
— de la universidad, por cierto soy Elissabet Brown— me extendió la mano, la cual gustoso acepte y le di un beso en su tan suave mano, Edward una más y te golpeo, me decía mi subconsciente.
— bien Elissabet Brown, toma aquí tienes para que te cures las heridas— le dije extendiéndole las cosas para que se curara sola, lo se fue descortés de mi parte, pero no puedo estar un minuto más cerca de ella, su sangre huele deliciosa.
— ¿Ehm ok?— me dijo confundida y algo agobiada.
— ¿Qué pasa?
— Es que no me gusta la sangre— me dijo, owww tenemos algo en común, ¡¡Ya cállate!! Me gritaba mi subconsciente.
— ah, a mí tampoco, pero de todos modos te ayudare— ¿eso lo dije yo?
— Gracias— me dijo con una sonrisa perfecta, definitivamente ella no es humana, es un ángel caído del cielo
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