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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Capítulo 2~ Tú No Sabes Lo Que Es Ser Yo

~Alan

— Al— siento como me mueven

— Quiero dormir un poco más— hablo dormido

— Al, despierta tenemos clases— las pequeñas manos de mi hermana me siguen moviendo

— ¿Y si hoy no vamos?

— Alan— pone su voz seria

— Está bien, está bien. Ve a cambiarte de ropa para que nos vayamos— me estiro para despertar

— Ya me cambié— la miro, su cabello castaño está desordenado, sus ojos verdes me miran con inocencia y veo que está vestida de rosado

— ¿Y esa ropa?

— La tenía guardada

— Nunca te la había visto— frunzo el ceño

— No nos vemos mucho— ella se muerde sus labios y algo se encoge dentro de mí, levanto su barbilla para que me mire

 — Lamento eso… pero sabes que debo trabajar

— No tendrías que hacerlo si aceptaras el dinero de mamá— habla en voz baja, cierro los ojos tratando de controlar mi enojo… con la sola mención de esa señora, mi ánimo cambia.

— Ángella… no quiero hablar de eso contigo

— Nunca quieres hablar de nada conmigo

— Esos temas no son para niñas como tú

— Tengo siete años, no soy una niña— me río y me levanto

— Lo olvidé, ya no eres una niña. Eres toda una mujer— la miro detenidamente, ella me mantiene la mirada y finalmente ríe— no dejes nunca de reír principessa— ella me dice que me incline a su altura

— Eres el mejor hermano que una chica pudiese querer— dice para luego besar mi mejilla, la miro a sus enormes ojos verdes y beso su frente

— Te amo mucho, no lo olvides

— Y yo a ti— rodea mi cuello con sus pequeños brazos

(…)

— Cuando sea grande nos compraré una casa rosada gigante— me río

— No viviré en una casa de muñecas, olvídalo— acomodo su rosada mochila en mi hombro, me debo ver muy varonil vestido completamente de negro y con mochila de princesa

— Anda, di que sí. Será divertido, podrás tomar el té con Míster Panza— me hago una imagen mental de mi sentado con osos de felpa, una taza rosada en mis dedos conversando con mi hermana en una casa de Barbie, me río

— Sospecho que ese Míster Panza me roba las galletas— ella se ríe y doblamos en una esquina, veo su pequeña escuela unos metros más allá

Una vez que llegamos, veo como todos los niños se despiden de sus padres… me hubiese gustado que papá estuviese aquí. Todo era mejor cuando estaba.

— ¿Qué debes hacer cuándo salgas?

— Esperarte hasta que llegues— me contesta

— ¿Qué no debes hacer nunca?

— Hablar con extraños

— ¿Por qué?

— Porque no los conozco

— ¿Quién es el mejor hermano del mundo?

— Tú— me sonríe, adoro su sonrisa

— Que te vaya bien— beso su frente y ella corre hacia adentro

— ¿La adoras no es así?

— Es mi vida— le contesto a Beatrice, miro mi reloj y veo que es tarde para la estúpida escuela— luego nos vemos, se me hace tarde. Cuídala

— Claro que sí— me sonríe y prácticamente corro al instituto.

(…)

 Una vez que llego al edificio, entro y me doy cuenta de que los chicos están entrando a clases. Justo a tiempo… igual que siempre.

Camino a mi casillero y saco los cuadernos de la materia que toca, el científico es definitivamente lo mejor, y obviamente las clases de “clásico” son lo peor, es una pérdida de tiempo, es decir ¿para qué me sirve saber acerca de la división del trabajo? Es lo más tonto que he escuchado en mi vida, y eso que tengo una hermana de siete años con mucha imaginación.

Cierro el casillero y siento una vibración en el bolsillo de mi pantalón, saco mi celular y leo un mensaje:

“Grosse, el entrenador llama a una reunión extraordinaria ahora”

Genial, me perderé matemáticas— nótese el sarcasmo— sigo sin entender porque me metí en eso. Guardo nuevamente los cuadernos en el casillero, ya que las reuniones del entrenador siempre duran dos horas… y mi clase dura dos horas.

Camino hacia el salón que está al lado del gimnasio, veo que hay algunos chicos sentados esperando que el entrenador llegue.

Me siento en la última silla a esperarlo, miro por el salón y comienzo a buscarlo

— Sé que me amas Grosse, pero no tienes que buscarme tanto— escucho la burlesca voz de Matt

— No te emociones tanto Bartoli— le sonrío, Matt Bartoli… el amor de toda chica en este instituto… y la causa de porque estoy metido en futbol— Aun no entiendo porque tengo que estar yo aquí

— Tres motivos— con sus dedos hace un tres— Eres mi mejor amigo, eres excelente para el futbol y… las porristas son muy sexys

— Tres palabras— lo imito— no… me… interesa

— ¡Oh vamos!— reclama

— No soy bueno para el futbol— él pone una cara extraña y entrecierra los ojos

— En el último partido corriste desde mitad de área y le hiciste un gol a un chico que nadie le hace

— Digamos que las pelotas bajas no son lo suyo— sonrío

— Además… todas las chicas vienen a verte jugar— otra vez con el mismo tema

— En primera, viene por ti. En segunda… no me interesan las chicas

— No me digas que ya te volviste Marica— se burla

— No se trata de eso, es solo que… ya tengo una chica en mi vida y es la única a la que amo

— Tu hermana de siete años no cuenta

— Le diré que no te haga galletas cuando vayas— sonrío internamente

— ¡No! Sus galletas son deliciosas, les pone esas chispas de chocolate que son deliciosas… aun no me da la receta

— Estás loco— me río

— Tal vez, pero no me cambies de tema. Aun no entiendo porque odias a las mujeres

— Porque son mentirosas, traidoras y vanidosas— pienso en la mujer que me dio la vida… ¿Por qué tenía que abandonarme a mí? O pero aun ¿Por qué abandonó a su pequeña hija?

— Hermano… no todas son como tu madre

— No lo sé y no quiero averiguarlo tampoco— me giro hacia el frente y doy el tema como zanjado

El entrenador entra justo a tiempo para hablarnos de que es muy importante ganar este partido, porque es contra nuestros archirrivales los idiotas de Arizona.

Comienzo a pensar en… ¿Cómo alguien puede ser tan egoísta y vanidosa como para abandonar a sus dos hijos? Si papá hubiese estado vivo… quizás nada de eso habría pasado, quizás ella no se hubiese ido con su novio imbécil… ni yo tendría que haber madurado tan de golpe, quizás hasta podría querer a una chica.

Pero no, no fue así y debo dejar de fantasear, sacudo la cabeza y alejo todos esos pensamientos para concentrarme en lo que dice el entrenador.

Dos horas después finalmente el entrenador nos deja salir, tengo cinco minutos antes de que empiece mi próxima clase. Salgo rápidamente de allí y me dirijo hacia los casilleros. Saco mis cuadernos y camino en dirección contraria para llegar a biología.

Comienzo a mirar mi cuaderno para recordar que fue lo último que vimos, paso una hoja y siento como choco con alguien, despego la vista de mi cuaderno.

Miro de donde viene y veo que es el baño de mujeres, veo a la chica en el suelo, su cabello castaño claro rodea su pálida cara, sus ojos color pardo se ven furiosos… oh claro… ya sé quién es

— ¿Puedes tener más cuidado y dejar de pensar un minuto en el espejo del baño? — le digo serio, jamás había conocido a una chica tan superficial, egocéntrica y mal educada como ésta, seguramente en su casa le dan todos sus caprichos… odio la gente así. Ella me fulmina con la mirada


Capítulo 19~ ATP

— ¿Por qué no me dijiste que Lori estaba del lado de Alisson? — pregunté, él se quedó quieto

— Me enteré cuando tú y yo estábamos separados— se giró a verme

— ¿Y por qué no me llamaste?— levantó una ceja— oh…— dije dándome cuenta— ¿Por eso tanta llamada?

— Por eso y porque te extrañaba. Además cuando te llamé la última vez te iba a decir pero llegó el id… Alexander— cambió de palabra a último momento

— Okey, vamos— me vestí nuevamente y caminé hacia el baño para no llorar al recordar a Alexander

Saqué mi cepillo para el cabello de mi bolso y comencé a peinarme, mi cabello era un desastre. Me miré en el espejo y me veía distinta… aún se me veía algo de estómago, supongo que a medida que pasaran los días mi estómago volvería a ser como antes, siento unas manos en mi cuello y por el espejo veo al chico que amo mirarme con una mirada extraña Te amo, dijo en sus pensamientos… sonreí.

— ¿Vamos?— preguntó y yo asentí

(…)

— ¡Chicos, llegamos!— anunció Edward entrando a la casa después de mí

La casa estaba igual, no había salido de mi habitación desde la muerte… de… Alexander, Edward se acostaba a mi lado a abrazarme por horas y horas, besando mi hombro y acariciando mi cabello a mitad de la noche cuando despertaba llorando por las pesadillas que me atormentaban.

Avancé hacia la sala de estar y vi que las cunas ya no estaban y en su lugar había unas maletas, miré a Edward extrañada ¿por qué había unas maletas ahí?

— En seguida te digo, espérame un momento— dijo antes de perderse en las escaleras.

Recorrí el lugar como si fuese lo más extraño del mundo, como si nunca hubiese vivido aquí. Los recuerdos con Alexander comenzaron a invadirme uno por uno…

— ¿Y lo extrañas?

— Sí, pero me dijo que abortara y eso no puedo perdonarlo— dije dolida

— Quizás él tiene miedo

— ¿De qué?

— Tú me hablaste de Alisson ¿No es así?— yo asentí— y por lo que me dijiste… él tiene miedo de perderte ¿Verdad?

— Eso no es motivo para decir lo que dijo— él tomó mi mano

— Elissabet… ese chico te adora, todo su amor se le sale por los poros… me mira con odio cuando estoy cerca tuyo— me río— Quizás él lo dijo porque estaba enfadado, estresado o que se yo. No debe ser fácil recibir la noticia de que tendrás gemelos— me quedé mirándolo detenidamente, su cabello revuelto, sus ojos compasivos y con ojeras, su nariz perfectamente alineada y sus labios entre abiertos, la camiseta sin mangas dejaba ver sus brazos que estaban bien dotados— ¿Por qué me miras así?— me preguntó

— ¿Por qué tratas de defenderlo?

— Porque debe ser difícil estar separado de la persona que amas, yo no puedo estar ni dos minutos sin escucharte y me imagino todo lo que él debe sufrir al estar solo un mes y medio sin ti— sonreí

— Eres una ternura

— ¿Tanto como Manjar?

— No, nadie se compara con manjar— con solo decir su nombre, se escucharon sus patitas corriendo

— Te amo— me dijo de la nada, yo lo miré y no pude decir nada

— ¿Hey? ¿Todo bien?— parpadee repetidas veces antes de darme cuenta que Edward estaba frente a mi pasando su mano frente a mi cara

— Sí, solo… pensaba— saqué el ceño fruncido de mi cara y sonreí lo mejor que pude

— ¿Segura?— Asentí— Puedo leer tus pensamientos Elissabet

— ¿Para qué son las maletas?— cambié de tema

— Nos regresamos a Oxford, Manchester no es tan lindo como esperaba— tomó las maletas que estaban en la sala, que eran todas mías y salió de la casa para meterlas en el maletero

— Los chicos no están— dije apoyada en la puerta de la casa mientras veía como guardaba las cosas

— Llevaron a Ethan y Fernanda de paseo

— Oh— fue lo único que logré decir

— ¿Qué pasa?— me preguntó acariciando mi mejilla

— Los bebés ya nacieron Edward y…

— Elissabet no quiero discutir por eso, no dejaré que te pongas en peligro y menos a nuestros hijos

— Pero ¿y Ana?

— Ya pensaremos en eso con los chicos, pero tú no te pondrás en peligro

— ¿Y Lori?— él bajó la cabeza un momento

— Ella ya decidió con quien estar— besó mi frente y dio el tema como zanjado

Entramos a la casa y subí para ver si no se nos quedaba nada en las habitaciones, fui una por una… hasta que llegué en la que dormía Alexander. Aunque sus cosas se las habían dado a su familia… su olor aún estaba ahí. Un nuevo recuerdo llegó a mí…

— ¿Chocolate o Vainilla?— me preguntó mientras sacaba el helado de la nevera

— Ambos— sonreí, mis bebés de casi ocho meses tenían mucha hambre

— Aquí está su helado, bella dama— dijo pasándome un vaso con helado y luego me guiñó el ojo

— Gracias, mis bebés te lo agradecen— sonreí

— Tienes…— se pasó una mano por la comisura de sus labios

— ¿Qué?— pregunté sin entender, él sonrió y pasó su dedo por la comisura de mis labios

— Tenías chocolate— dejó la mano ahí, nos mirábamos a los ojos y de pronto las ganas de comer helado se me habían ido. 

Él comenzó a acercarse lentamente a mí, no, no, no, no. Estaba a unos centímetros de mí, podía sentir su respiración sobre mi piel, nuestros labios se rozaban y me alejé

— Alexander no— me levanté del asiento y dejé el helado sobre la mesa

— ¿Por qué no?— preguntó

— Porque estoy casada, embarazada y no me gustas

— Estás separada de él hace dos meses y un poco más, y sé que al menos sientes una atracción por mí

— No— dije segura

— ¿Qué tiene él que no tengo yo?— cerré los ojos tratando de tranquilizarme

— Él es el padre de mis hijos, el hombre que escogí para pasar el resto de mi vida, y al que amo más que a nadie

— Entonces, si dices amarlo tanto ¿Por qué te fuiste de su lado? ¿Por qué me pediste que viviera contigo sabiendo lo que siento por ti? ¿Por qué me haces sufrir así?— sentía las lágrimas picar en mis ojos

— ¡No lo sé!— grité enfadada

— Al menos dime si te gusto— pidió

— No— traté de sonar lo más suave posible— Eres un gran amigo, eres un excelente compañero de casa, eres el…

—…chico que cualquier chica desearía tener, sí ya me lo has dicho antes— completó mi oración— pero no soy el chico que tú deseas tener— caminó por la sala de estar de un lado a otro— he tratado de conquistarte estos meses y no funciona, ¿Qué estoy haciendo mal?— caminé hacia él y acaricié su mentón

— El problema no eres tú, el problema es que yo ya tengo mi corazón ocupado

Parpadeé repetidas veces y me encontré nuevamente con la habitación vacía. Cerré la puerta y bajé las escaleras para encontrarme a Edward, Taylor, Caroline, Andrew y Rose hablando animadamente en la sala de estar. Miré en la habitación y Fernanda junto con Ethan estaban en las cunas. Caminé hacia los chicos que se levantaron rápidamente.

— ¿Vamos?— preguntó Edward

— ¿Ustedes también irán?

— Sí— contestó Caroline— tenemos que finalizar los preparativos para la boda— sonrió mirando a Taylor

Caminé hacia la cuna de los bebés y los miré a cada uno… Eran bellísimos ¿Nacieron hace tres días y ya tienen los ojos abiertos?

— Su crecimiento es más rápido que un niño normal— susurró Edward en mi oído— En un par de semanas se verán como niños de tres años

— ¿Cómo es eso posible?

— Misterios de la vida inmortal— se encogió de hombros— Vamos

Tomó a Fernanda en brazos y yo a Ethan, los chicos supongo que ya se había ido, ya que estábamos solos

Salimos de la casa y metimos a nuestros hijos en sus sillas, cuando me acerqué a abrochar a Ethan miré a sus ojos, tenía unos hermosos ojos color café… como los míos, sonreí. Me acerqué a él y besé su frente.

Me subí al lado del copiloto y Edward ya estaba sentado. Encendió el motor del auto para viajar nuevamente a Oxford.

— Me alegro de que no hayas hecho lo que te dije en cuanto a nuestros hijos— fue lo último que escuché antes de dormirme profundamente

(…)

Me froté los ojos al ir despertando poco a poco, miré por la ventana y vi que Edward se estacionaba en nuestra antigua casa.

— ¿Lady?— me giré a verlo

— ¿Sí?

— Te ves preciosa durmiendo— sonreí y él bajó del auto para abrirme la puerta

— ¿Hogar dulce hogar?— pregunto mirando la casa nuevamente

— Hogar dulce hogar— besa mi mejilla y se dirige a sacar a los bebés del auto

Lo sigo y saco el cinturón de Ethan, una vez que lo tomo en brazos me quedo mirándolo y me sonríe… definitivamente es lo más lindo que he visto, la sonrisa de mi hijo… me da tranquilidad, seguridad… me provoca alegría.
Entramos a la casa y con mi niño en brazos subo a su habitación, está igual de linda como recuerdo.

— Mira mi amor, ésta será tu habitación y la de tu hermana— le hablo al bebé, él balbucea, sonrío— ¿Tienes hambre?— vuelve a balbucear y lo tomo como un sí.

Bajo a la cocina y abro la nevera, busco la leche que está ahí y la sirvo en un vaso.

— ¿Sabes que a un bebé se le da una leche especial?— escucho la burlona voz de Edward atrás

— Obvio que sí— trato de que mi voz no me delate— era… para mí— sonrío girándome

— ¿Tomas leche ahora?

— Claro— bebo el vaso de leche, a los dos segundos ya quiero vomitarlo

— ¿Quieres ir a devolverlo no es así?— asiento y siento como la leche sube por mi garganta

Le paso a Edward a Ethan y corro al baño, llego justo a tiempo y devuelvo la leche que bebí. Gracias a Dios no fue todo el vaso, odio el sabor a comida vencida que tiene ¿Cómo podía gustarme tanto eso antes?

Me levanto, tiro de la cadena y me lavo la boca y la cara en el lavamanos. Siento una vibración en mi bolsillo del pantalón, saco mi teléfono y veo que me han enviado una imagen como mensaje, lo abro y casi caigo de la impresión. El número es desconocido pero la persona que hay en la foto no.

— Lady los… ¿Lady qué pasa?— Edward se acerca rápidamente a mí— estás temblando ¿Qué ocurre?

— Ana…— es lo único que logro decir, Edward me quita el teléfono de las manos y siento como se tensa rápidamente

La imagen muestra a Ana… muerta, le ha sacado la cabeza y hay sangre a su alrededor. Las lágrimas comienzan a caer rápidamente por mis mejillas y la culpa se expande.

— Hay un mensaje— escucho a Edward

— ¿Qué dice?

“¿Ves lo que ocurre por tu culpa, Elissabet?” — estoy segura de quien fue, no hay que ser un genio para saberlo— Esto no es tu culpa Elissabet

— Sabes que si lo es, nada de esto hubiese pasado si no me hubiese enamorado de ti— digo con rabia y tristeza mezclada

— Esto no es por ti, ella lo hubiese hecho con cualquier chica que hubiese estado conmigo

— Tengo que enfrentarla— salgo por la puerta del baño, pero rápidamente me detienen

— No lo harás

— Tú no puedes decirme que hacer, no soy de tu propiedad— lo enfrento

— Eres mi esposa, la persona que amo. Nunca dejaría que pusieses tu vida en peligro

— ¡Tu hermana acaba de morir por mi culpa!— chillo enfadada

— ¿Qué?— escucho la voz de Andrew detrás de mí




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El 2014 está pronto a llegar a su fin, les deseo lo mejor en éste nuevo año.... y no olviden sonreír..... alguien se puede enamorar de su sonrisa.

Los amo, feliz año a todos los países 

sábado, 27 de diciembre de 2014

Capítulo 1~ Tú No Sabes Lo Que Es Ser Yo

~ Lucy

El molesto e insistente sonido de una música lejana, comienza a arrastrarme a la realidad. Me froto los ojos y me estiro para dejar todo el sueño en la cama, miro mi teléfono y me doy cuenta de que de ahí provenía tan molesto ruido, Alex, mi mejor amiga, me está llamando.

Cuando voy a contestar veo que corta, a los dos segundos su foto en mi celular vuelve a aparecer, contesto.

— Hasta que contestas— es lo primero que escucho decir al otro lado del teléfono

— Buenos días a ti también— contesto sarcástica y me levanto con el teléfono aun pegado en mi oreja

— ¿Viste la hora que es?

— ¿Las seis de la mañana?— comienzo a ver mi guardarropa para ver que ponerme hoy

—  No querida, son las ocho con cuarenta y tres minutos

—  Genial, ¿Me dices el tiempo y cuánta humedad habrá?— sonrío de lado

—  Graciosita— contesta ella— tenemos entrenamiento, el partido es esta semana. Sabes que es muy importante

— Lo sé, no tienes que recordármelo cada dos minutos

— Entonces apresúrate— antes de que pueda contestar ella ya ha cortado

— También te quiero— hablo con el teléfono

Saco una camiseta que deja ver mi estómago, hace unas pocas semanas comenzó la primavera, y es realmente hermoso porque al fin dejo de lado la estúpida e incómoda ropa de invierno. Me dirijo rápidamente al baño y me deshago de la ropa, me tengo que bañar lo más rápido antes de que Alex personalmente venga, y me tire de mis orejas.

(…)

— Signorina, ¿Comerá algo?— me pregunta la sirvienta

— ¿Mis padres?— pregunto tomando las llaves de mi auto

— Se fueron temprano, dijeron que la querían

— Era de esperarse— susurro

— ¿Cómo?

— Nada, me voy. Adiós— salgo por la puerta rápidamente.

Respiro hondo estando afuera, odio que se vayan temprano. Sé que deben trabajar para poder mantener todas mis necesidades, pero ¿es mucho pedir que me acompañen tan solo a un estúpido desayuno?

Sacudo la cabeza y camino hacia el garaje, presiono el interruptor en la puerta y ésta abre hacia arriba, ahí en toda su gloria y majestad veo mi hermoso Chevrolet Corvette de color rosado, es precioso.

— Hola Mitch— saludo y me subo en él

El viaje a la escuela es tranquilo, la música como siempre mi compañía que me hace olvidarme de todos los problemas. Paro en un semáforo y apoyo mi cabeza en la mano que está en la ventana, el semáforo es largo por la hora que es.

Miro a ambos lados de la calle y veo a un chico vestido completamente de negro, eso no es lo que me sorprende, la cosa es que lleva a una pequeña de la mano, ella es de cabello castaño y lleva dos coletas altas, va saltando de la mano de… el chico que lleva su bolso rosado en un hombro, la imagen me causa ternura. Ellos doblan en una esquina y los pierdo de vista justo a tiempo cuando el semáforo da verde.

Unas calles más allá veo en todo su esplendor, la escuela. El lugar donde paso cinco horas al día en la materia clásica, era eso o arte y como en arte está la hueca de Alicia, prefiero no ir allí.

Entro mi auto al estacionamiento, voy veinte minutos tarde… lo bueno es que papá es amigo del director, así que no tengo problemas… y mi mejor amiga es su hija, así que no tengo por donde me regañe.

Me bajo del auto y veo todos los pasillos vacíos, le coloco la alarma a Mitch y me dirijo al gimnasio donde me esperan para ensayar.

Una vez que entro ahí todas las chicas giran su cabeza a mirarme, sonrío.

— Lamento la tardanza chicas, mi cama y yo tenemos una relación seria— escucho sus risas

— Lucy…

— Ya Alex, tranquilízate. Estoy aquí, eso es lo importante— le guiño un ojo y ella niega con la cabeza

— Chicas, descansen un momento. Tengo que traer a tierra a su jefa— Las chicas se apartan y comienzan a hablar unas entre otras

Pongo las manos a un lado de mi cuerpo y preparo mi cara de cachorro. Alex se gira a verme con el ceño fruncido y las manos en sus caderas. Alexandra Cavalcanti, de cabello castaño, ojos azules, cuerpo con las curvas que necesita… y la más inteligente de todo el instituto. Aun no entiendo como dos polos opuestos como nosotras pueden ser las mejores amigas

— ¿Cuál es la excusa de hoy?— me pregunta enarcando una ceja

— No es excusa, es que me dormí tarde anoche y pues… sabes que una cama cómoda en la mañana puede ser muy persuasiva

— ¿Quién fue la victima de anoche?— se cruza de brazos, vaya que me conoce bien

— No entiendo a qué te refieres— camino lejos de su alcance y voy por mi uniforme de porrista azul con amarillo del Instituto Italiano De Cultura En Nápoles.

— Lucy te conozco, ayer fue lunes y todos los lunes vas por un chico para divertirte durante la semana y luego destrozar en mil pedacitos su corazón— me giré queriendo parecer enfadada

— ¿Cómo te atreves a decir eso?— me cruzo de brazos y ella levanta una ceja ¿Por qué yo no puedo? Estallo en risas— No es mi culpa, él llegó a mi solito

— ¿Cómo se llama? No, déjalo… no me interesa— ella camina en dirección a las chicas y les chifla para que miren

— Anda, no puedes enojarte así. Me conoces— traté de hablar con ella

— Hace cinco años que haces lo mismo y ya estoy cansada Lucy, no puedes ir jugando con los chicos así como así— estalló furiosa, todas las chicas miraron

— Baja la voz— dije con los dientes apretados, sonreí en dirección a las chicas, tomé de la muñeca a mi amiga y la arrastré fuera del gimnasio

— Suéltame— quitó rápidamente mi mano enojada

— Si solo escucharas…

— No Lucy, escucha tú. No puedes ir cambiando de chicos como si fuesen un teléfono— la miré seria

— Hablando de teléfono, ayer vi uno que me encantó…

— ¡Escúchate! Estás hablando como la hueca de Alicia— me interrumpió y señaló hacia un salón en el que supongo estaba ella

— No me compares con ella— grité enojada, odiaba a esa chica con todo mi ser

— Entonces no te comportes como ella— me rebatió, su respiración estaba agitada

— No me estoy comportando como ella

— Sí, lo estás haciendo y no quiero que mi mejor amiga a la que conozco hace más de diez años, se convierta en una zorra, hueca y torpe como esa

— ¿Esto es solo por qué llegué tarde?

— No Lucy, no es solo por eso. Es porque ya me tienes harta con esa actitud de chica rompe corazones. ¿Qué pasará cuándo te enamores? ¿Qué pensará el chico de ti?

— No me interesa lo que piense el mundo de mi— dije seria— y nunca me voy a enamorar

— ¿Sabes qué?— ella cerró los ojos un momento, luego los abrió y ya la notaba más tranquila— no quiero hablar contigo ahora. Vete a clases y luego hablamos o terminaremos diciendo algo hiriente

— No puedes decirme que hacer— le grité cuando vi que entraba al gimnasio

— Bueno, habla sola. No me interesa— y desapareció en el gimnasio

Odio cuando hace eso, caminé hacia el baño y entré para lavar mi cara y despejarme, odio que tenga la razón. Me miré en el espejo, mi cabello castaño claro con ondas caía por un lado de mi hombro, mis ojos pardo demostraban rabia, aunque en el fondo fuera dolor, mi piel blanca estaba roja del enojo. Respiré varias veces hasta que me tranquilicé, apoyada en el lavamanos y con la mirada fija en el espejo parecía una fiera.

Quizás ella tenga razón, no puedo seguir siempre así. No puedo ser por siempre la rompe corazones de la escuela. Pero tampoco puedo enamorarme, el amor no existe, mis padres son un claro ejemplo. Llevan veinte años de casados, pero no están enamorados el uno del otro. Ni siquiera sé porque siguen juntos. Quizás hasta tengan otra familia ambos, Siguen juntos porque le conviene a la empresa… ni siquiera es por amor. La palabra que más odio en el mundo es el “te amo”, es decir, ¿Por qué decir algo tan estúpido y tan repetitivo como eso?

Sacudo mi cabeza, y me digo que tengo que ir a hablar con Alex, odio discutir con ella… porque siempre tiene razón. Me miro en el espejo una última vez, sacudo mi cabello y salgo del baño… siento como caigo al suelo.

Levanto la vista para ver al idiota o la idiota que me empujó y me encuentro con unos increíbles ojos cafés que me miran serios, una mandíbula apretada y un cabello rubio que adorna una linda pero seria cara.

— ¿Puedes tener más cuidado y dejar de pensar un minuto en el espejo del baño? — escucho como habla el chico, miro bien su cara y me doy cuenta rápidamente quien es. ¿Quién se cree para venir a hablarme así?

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Primer Capítulo de la nueva novela, espero les guste y dejen sus comentarios. Un saludo a los países de Europa, Asia y América Del Norte