~ Elissabet.
Así que era él, claro como no lo reconocí, se veía
más guapo de lo que recordaba, bajo del auto con sus lentes, se veía genial, me
mordí el labio, y baje yo también, nos miramos, y luego entre a la casa, subí a
mi habitación, deje mi bolso, y pensé: “VOLVIERON” sonreí, y siento que tocan
la puerta de mi habitación, me dirigí a ella, y lo que vi, no me gustó mucho,
era Caroline, entró a mi habitación hecha un mar de lágrimas.
— ¿Caroline que te pasó? ¿Qué te hizo Mario?— ella
solo lloraba— vale, lo mataré— dije levantándome de la cama, ella me sujeto de
mi muñeca y me hizo sentarme.
—él es un idiota
— ¿Qué pasó?— dije
seria
— Él me llevó a una playa y nos pusimos a
conversar, me preguntó dónde estaba viviendo y le dije que contigo y Andrew, me
preguntó si tú eras la de la universidad— decía aun con lágrimas— me pidió
ayuda para conquistarte— me reí por eso, y Caro también se río— me preguntó si
a mí me gustaba alguien y le dije que sí, que se llamaba Taylor, él pensó que
era Taylor Lautner, aunque si me gusta él también— dijo riendo y yo me reí con
ella— luego le dije que era Taylor Lowell y él se puso como loco, dijo que no
podía gustarme un chupasangre, no entiendo que quiso decir con eso, luego
olvidamos el tema y nos pusimos a correr
por la playa como cuando niños. Luego de eso— ya estaba más tranquila y no
lloraba— me dijo que los chicos querían verme, así que fuimos allá.
— ¿Por qué fuiste allá Caroline?
—porque extrañaba a mis amigos
—okey, sigue contando— sabía que no llegaríamos a
nada si nos poníamos a discutir
—Una vez que llegamos allá… ellos también me
preguntaron donde me estaba quedando… les dije donde los Brown… y bueno ahí
empezó todo, Mario se enojó tiro las cosas, se puso a pelear con Ryan, ya que
Mario me había lastimado mi brazo, Paula me trajo aquí, ya que ellos se
quedaron peleando, mi brazo aún me duele.
— te
dije que era un idiota
— Nunca lo había visto
así— dijo triste
— uno
nunca termina de conocer a la gente.
— sí y vaya que me
sorprendió.
—
bueno, pero no llores por ese idiota, arriba el ánimo.
— No puedo, me dolió
ver a mi hermano así— miró su muñeca y la zona estaba marcada por dedos… se
notaba que la había apretado fuerte, maldito imbécil cuando lo vea…
—
cuando te de ésta noticia, irradiaras felicidad— decidí cambiar de tema
— Lo dudo— dijo
cabizbaja
— mmm,
adivina.
— no lo sé.
— hay
vamos, un poco más de ánimo.
— ok veamos, ¿te
enganchaste con otro?
— ja ja
que chistosa— le dije sarcástica— no, yo soy otra ya no me ando revolcando, con
el primero que se me cruza.
— ¿Y eso?— me miró
sorprendida
— En la
mañana tuve una pequeña charla con Andrew, y me abrió los ojos, que no voy por
buen camino y cosas así— dije restándole importancia
— ¿Ok?— dijo un poco
incrédula
— Hey
dame crédito— dije empujándola suavemente.
— ok, dime de
una vez, la buena noticia.
— Volvió
tu novio— quería ver su cara de felicidad
— ¿Mi novio?— dijo
confundida.
— hay
no te hagas.
— Yo no tengo novio—
dijo remarcando el NO.
— Cierto—
dije chispeando los dedos— tu casi novio.
— explícate Elissa no
te entiendo.
— hay
por Dios, como eres tonta, volvió Taylor.
— Dime que es una broma—
dijo levantándose de la cama
— no…de
hecho, Edward se veía muy realmente guapo, no como en mis sueños— tapé mi boca—
¿eso lo pensé o lo dije?
— Lo dijiste— dijo
sonriendo picaronamente.
— Olvídalo—
dije nerviosa
— lo sabía, te gusta,
vamos admítelo— dijo saltando de felicidad.
— Bien
lo admito, me atrae— dije sonriendo— ¿feliz?
— Siiiiiiiiiiii—gritó.
—
shhtt, despertaras a los vecinos— dije tapando su boca, aun no era tan tarde
pero siempre quise decir eso
— Mmmmm— gritaba con la
boca tapada.
— Estás
demente— le dije mientras nos reíamos
— Si lo sé, iré a ver a
Taylor, necesito verlo— dijo emocionada casi saltando
— bien,
corre por tu hombre— dije a un lado de la puerta
— Gracias— dijo
abrazándome y salió corriendo
Ésta chica, está más
loca que yo, sonreí al ver cómo salía en dirección a la casa de los Lowell, vi
por la ventana como tocaba la puerta entusiasmada, hablaba muy feliz, y entro a
la casa, estaba cansada así que me iba a poner mi pijama, pero siento que tocan
la puerta, debe ser Andrew, ¿acaso no lleva llaves? Pensé mientras bajaba hacia
la puerta.
— ¿Para
qué tienes…?— dije mientras abría la puerta, pero no era quien yo me esperaba—
¿Qué haces aquí?— dije con odio.
— vine a ver a Caroline—
dijo de la misma manera.
— pues
no está, ven a verla otro día, no mejor espera, no vengas nunca— dije mientras
trataba de cerrar la puerta pero él me lo impidió
— Elissabet, no me hagas esto, necesito hablar con ella, no la
vi por 7 meses, no quiero perderla de
nuevo.
— Pues
debiste haberlo pensado antes de lastimarla, eres un idiota Mario— dije enojada
— si lo sé, cometí un
grave error, por eso es que vengo aquí.
— pues
es muy tarde, para remediar el daño
— por favor, déjame
hablar con ella— dijo al borde de las lágrimas.
— bien,
pero tendrás que esperar, hasta que llegue— dije recargándome en el marco con
pereza
— bien, ¿puedo pasar?
— Si no
queda de otra— dije haciéndome a un lado, para que pasara.
— Muy linda tú casa—
dijo cuando entro.
— si lo
sé, ya me lo habían dicho
— ¿siempre eres tan
enojona?
— Con
la gente que me desagrada sí— él se fue a sentar al sofá y yo me fui a la
cocina.
Ya había pasado más de
media hora, y Caroline aun no llegaba, son cerca de las 11:00, y ya no quiero
que Mario este aquí, quiero que se vaya.
— Me
llamó Caroline— mentí— dijo que se tardaría un poco más.
— Está bien, volveré
mañana, espero encontrarla— dijo dirigiéndose a la puerta.
— Adiós—
dije abriéndole la puerta.
— Elissabet espera— dijo estando ya fuera.
— ¿sí?
— es que, te quería
pedir perdón por todo lo de la otra vez.
— Ah—
que se vaya ya.
— no quise ponerme
sobre protector, pero me pareciste muy linda, y ese mesero, estaba
coqueteándote.
—
olvídalo ya— ¡ándate!
— bueno adiós— dijo
mientras se acercaba para besar mi mejilla, no tiene nada de malo, puse mi
mejilla, y él corrió su cara, comenzó a besar mis labios, y yo trataba de
quitármelo, pero era más fuerte que yo, tiro de mi camiseta, e hizo que se
rasgara.
— Déjame,
suéltame, ¡auxilio!— dije gritando, estaba desesperada, cuando siento esa voz
aterciopelada, la misma de ese callejón.
— Suéltala ahora— dijo
Edward, sí Edward, venía a rescatarme una vez más.
— ¿y tú quien rayos
eres?— dijo Mario separándose de mí.
— he dicho que te
alejes.
— ¿Y si no lo hago qué?—
pregunto desafiante.
— Esto— dijo y…
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